Wednesday 4 march 3 04 /03 /Mar 04:13

Dios creó a la humanidad para que fuera su pueblo. El proyecto de Dios es que la humanidad sea un pueblo unido, su pueblo.

Los Hombres no están aceptando este proyecto, pelean entre sí, se dividen. Unos quieren ser más que los otros, unos quieren dominar a otros, pero el proyecto de Dios continúa firme.

Dios llamó a Abraham, hombre de fe, para hacer de él el padre de un gran pueblo que mostrase a todos los pueblos el proyecto de Dios.

El señor Dios dijo a Abraham:

¨Voy a hacer de tí un gran pueblo, te bendeciré y engrandeceré tu nombre...
En tí serán benditas todas las naciones.
¨Toda esta tierra que estás viendo, la entregaré a tí y a tus descendientes, para siempre¨.

Así se formó el pueblo de Israel, o también pueblo Judío. Este pueblo fue perseguido y esclavizado. Pero Dios estaba con él, no lo abandonaba.

Dios daba fuerzas al pueblo para luchar por su liberación.

Dios llamaba personas y las enviaba para que animaran al pueblo y lo orientaran en su caminar. Personas como Moisés, David y los Profetas.

Aún así, este pueblo de Israel se salió, muchas veces, de los caminos de Dios. E hizo de Dios una propiedad particular, como si Dios fuese sólo de él.

Los Profetas denunciaban los pecados del pueblo y las injusticias de los poderosos, y anunciaban siempre que Dios cumpliría sus promesas y que él mandaría una persona que traería la Paz, la Justicia y la Salvación para todos los pueblos. 

Esta persona, anunciada por los profetas y esperada por los pobres, como Salvador es Jesús de Nazaret.

Jesús es el hijo de Dios e hijo, también del pueblo de Israel.

Fue enviado con una misión:

Mostrar que Dios es padre de todos, y no sólo del pueblo de Israel.
Anunciar que el Reino de Dios había llegado y que este Reino es de los pobres y de los perseguidos.

Jesús escogió doce compañeros entre los trabajadores del pueblo, para que ellos continuaran con su misión. Son los Apóstoles.

Con ellos quería formar un pueblo nuevo (Su Iglesia).

 

Después de la Resurrección de Jesús, los Apóstoles, reunidos, recibieron el Espíritu Santo, que bajó sobre ellos en forma de llamas de fuego.

 

Ellos, llenos de valor y alegría, salieron por el mundo a anunciar la buena noticia del reino.

 

El Espíritu Santo vino a dar fuerza a este pueblo nuevo.

 

Y ya no es más un pueblo nacido de la sangre de una raza, limitado a una sola nación sino que es el pueblo nacido de la sangre derramada por Jesús en la Cruz, nacido de la Fe y de la fuerza del Espíritu Santo.

 

Es el pueblo de los que siguen y obedecen a Dios, de aquellos que practican la Justicia y luchan contra el pecado, raíz de toda opresión.

 

Es el pueblo que debe realizar el proyecto de Dios.

 

Los apóstoles entendieron que este pueblo nuevo debía extenderse por toda la tierra, y por donde pasaban, dejaban comunidades de aquellos que aceptaban la Buena Noticia del Reino.

 

Estas comunidades manifestaban su fe en Jesús Resucitado, viviendo unidas en la hermandad, repartiendo con alegría sus bienes entre sí, rezando juntos. Esas comunidades eran una señal del Reino de Dios.

Por Pastoral Universitaria UCNE - Comunidad: Pastoral Ucne
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